martes, 7 de abril de 2015

Sócrates, ingenuidad y mala uva


El hombre es "mu" malo y no por genética, es que le va la marcha cuando intuye una ventaja en el horizonte. Como además cada vez es más antojadizo, los códigos definitivamente se la petan, y como para colmo, la pluralidad social actual obliga a un diálogo permanente que redefina un consenso mínimo sobre los estándares éticos aceptables, pasa del rollo y el que venga atrás que arree...

Cuándo crío me molaba Sócrates y su idea de que la eterna ingenuidad moral del hombre se curaba con conocimiento. Tararí que te ví. Con conocimiento, lo que se perfecciona sin duda es la manera de obrar mal, e incluso (sino sobre todo), de obrar mal para que parezca que se obra bien. Y eso último,"el parecer como que" es al final la constante que mejor calibra el comportamiento humano.

Sócrates por encima de cualquier cosa quería parecer sofista para que sus opiniones fueran aceptadas por la gente bien y él se convirtiera en referente de autoridad, pero los sofistas que eran unos tíos muy serios y le tenían muy "calao" se choteaban en sus barbas de las "tontás" de Sócrates que en el fondo no les aguantaba dos asaltos dialécticos y por eso jamás lo aceptaron como uno de los suyos.

Y claro, del berrinche sin curar de Sócrates, que se sabía débil y encima era soberbio hasta decir basta, nos vienen nuestras desgracias. Porque siempre hay un Platón zangolotino y taimado al lado de cada Sócrates llorón, para reforzarlo en su idea de ser filósofo en vez de alfarero, pongo por caso, cuándo todo se podría haber resuelto en ese momento con un encauzamiento de la energía creativa de Sócrates hacia otro fin más productivo que le deparase provecho análogo y dónde nadie le negara su auctoritas haciendo como si se la reconocía.

Total, que en vez de reorientarse profesionalmente, Platón le comió la oreja para hacerle creer que no tenía rival y además debía dedicarse "full time" al estudio de lo bueno, lo sabio y lo bello y Sócrates encantado, claro, aceptó su misión y con ella la evidencia, para otros paradoja cuando menos, de que si bien el hombre es ingenuo, la sociedad sin duda es culpable. Más que nada de todas las desgracias que la acechan por no seguir los consejos del sabio faltaría más, que al final de eso se trataba oiga.

Que la sociedad fuera directa al caos precisamente en el momento en que un déspota se animó a seguir los consejos de Platón como se demostró de sobra cuándo le dieron vela en el entierro de Siracusa tampoco era su responsabilidad, pues después de todo, las ideas habitan felices en su mundo propio y es inevitable que se perviertan en manos mortales e impuras ...

Un tío que lo único que al final le importaba era dejar su impronta a cualquier precio como un "arturmas" hodierno cualquiera y se tomó la cicuta desafiante pudiendo salir por piernas, no es un héroe, es un redomado farsante, que ayuno de todo argumento recurre al vulgar truco de usarse a sí mismo como un argumento ad hominem, algo prohibido en cualquier debate sofista mínimamente serio.

"Ponle un gallo a Asclepio", decía el figura ya agonizante pretendiendo èpater le bourgeois . ¿Un gallo?... Una jaula de grillos era la chaveta del Sócrates y así seguimos hoy poniéndoles hojitas de lechuga a esas ocurrencias negras como grillos mientras nos regodeamos en considerar prodigio el ruido desagradable que es todo su atractivo y encima hay que llamar canto lo que ni siquiera llega a gallo de grillo.

Me excuso de contar aquella manera tan efectiva de cazar grillos, que cuándo chicos practicábamos en cuanto nos encontrábamos frente a una cachera, ya que seguro estoy que hasta se puede considerar corrupción de la infancia con los códigos vigentes.

Me temo, eso sí, que esos saberes, tan poco platónicos como efectivos en su cometido tan primario, corren más que serio riesgo de desaparición, porque no son precisamente del agrado de los sócrates y platones ya que como resultan provechosos van en contra del celoso culto a lo inútil que pretenden imponer los puristas guardianes de todas las ortodoxias...

En fin, que no es un problema de educación el no hacer el mal, me temo. Más bien gracias a Platón, todo sea dicho, se hace el mal cada vez con más educación y poniendo mejor cara que para eso está el progreso.
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